Egan Bernal, así se forja una leyenda

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SON DE LA LOMA.

El ciclismo es un relato de amistad, de acción trepidante, de sueños imposibles. Ninguna distancia es demasiado extensa para pedalear; ninguna montaña demasiado alta para volar y descubrir, entre las nubes, un planeta hermoso cargado de turbulencias.

Egan Bernal, nuestro gran campeón, acaba de rebotar volando a 60 km/h hacia el final de esa pista imposible: el gran muro de metal de un bus atravesado en la vía. Allí en esa recta, lo esperaba el precipicio de estas horas con partes médicos que debemos tomar con pinzas. Las noticias llegan entrecortadas y cada mensaje es una angustia. Ninguna palabra puede mejorar el silencio que nos producen los detalles del suceso.

Siempre nos ha parecido maravilloso verlo volar en su máquina aerodinámica. Ese instante sublime de adrenalina pura donde no existe el frío ni el calor y los vatios van aumentando, apretando en su entrepierna el marco de su bicicleta, agachando el morro, metido en el manillar.
Con Egan este año esperábamos una temporada chispeante. Hacer brillar el sol. Poner cumbias y porros. Pero la historia ha tomado su propio derrotero.Teníamos plantadas grandes esperanzas en el Giro, Tour o Vuelta a España. Puedes plantar un árbol pero no puedes saber la dirección exacta que toman sus ramas.

A veces creemos que los campeones nos pertenecen, pero ellos sólo pertenecen a su propia historia. Por eso la de Egan no puede ser perfecta. Ninguna lo es.
El destino no quiere que la historia del Zipaquireño sea una pequeña planta de jardín con vivos amarillos y novela rosa. Quiere que sea tan enmarañada y salvaje como la vida misma.
Así se forja una leyenda.

R.D.A

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