Miguel Ángel López: Caer para levantarse.

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Hace 23 años nacía Miguel Ángel López, en Pesca, Boyacá. Un joven campesino, que le iba bien en el estudio, ayudaba a su padre con las labores del campo, jugaba fútbol, se veía un joven serio y enfocado en sus objetivos, que para ese entonces estaban lejos del ciclismo.

Empezó a montar en bicicleta por necesidad, más que por gusto, la usaba para recorrer los 4 kilómetros que separaban su casa del colegio, una bajada que disfrutaba en las mañanas, pero una subida complicada y más después de salir de clases. Así fue que empezó a mostrar el gusto por la bicicleta, hasta que un día vio que estaban organizando una competencia en la vereda donde vivía y quiso participar, el único problema que tenía era que la inscripción costaba mucho para él, pero un político en campaña le dio lo que necesitaba para correr y con lo competitivo que Miguel Ángel era, se enamoró  aún más del deporte.

Empezó en la montaña y no fue sino hasta el 2010 cuando probó la ruta, se inscribió en una carrera en la que había algunos ciclistas profesionales y les ganó. A partir de esta competencia Rafael Acevedo lo invitó a entrenar con él y López no lo pensó, así comenzó a entrenar ciclismo de ruta. Su primera carrera fue un circuito a Ramiriquí, era su primera competencia y se le notaba inseguro, no le fue bien, pero sabían que tenía un gran potencial.

Al poco tiempo se estaba preparando para correr la Vuelta de la Juventud, salió una mañana a entrenar por los alrededores de su Sogamoso. En medio de su entrenamiento, de la nada, aparecieron dos hombres, amenazantes, con cuchillos, intentaron quitarle su bici; los ladrones se encontraron con un hombre aguerrido, se defendió como pudo, nunca soltó su máquina y pudo salir de allí con ella. Volvió a casa sangriento, se llevó unas cuantas puñaladas en su pierna, un superhéroe. A partir de ese momento pasó a ser el “Superman” de ciclismo, Miguel Ángel “Superman” López.

Con todo y esto, pudo participar de la Vuelta de la Juventud, en la que demostró el potencial que había mostrado en aquella primera carrera y que llamó la atención de Rafael Acevedo. Iniciaba su historia en el ciclismo, con ganas, talento, pero con mucha mala suerte, pues las caídas han estado siempre a la orden del día.

Su primer gran accidente lo sufrió en la Vuelta al Porvenir, siendo líder tuvo una caída en la que se quebró la mano, fue una decepción muy grande par él, incluso pensó en retirarse, pero su equipo y su familia lo convencieron de que siguiera. Volvió muy fuerte, mostrando que estaba por encima de todos en Colombia, al punto de llamar la atención del Astana, quien en el 2014 se lo  llevó a Europa. Siendo el 2015 un año de adaptación al medio, a la vida lejos de su familia.

 

El 2016 comenzó con la suerte habitual de Miguel Ángel, en el Tour de Langkawi, donde se mostró con grandes posibilidades, tuvo una caída y una pinchadura que le evitaron coronarse campeón. Pero la suerte cambió, más adelante logró alzarse con el Tour de Suiza y la Milano Torino. Parecía que la mala suerte había desaparecido, más aún cuando fue inscrito por su equipo en la Vuelta a España, iba a correr su primera grande. Ya en competencia sufrió una fuerte caída que lo hizo retirarse además a finales de año sufrió una lesión de tibia y peroné, que lo obligó a perderse los primeros meses de la siguiente temporada. Un año agridulce.

En este 2017 empezó con una nueva caída en la Vuelta a Suiza y a partir de ese momento se dedicó a preparar lo que sería su participación en la Vuelta a España. Por fin tuvo una buena carrera, El boyacense fue el mejor joven de la competencia, quedó segundo en la clasificación de montaña, fue campeón por equipos con el Astana y terminó octavo en la general. Pudo terminar sano y salvo, y se muestra como gran amenaza para los grandes capos del pelotón internacional en el próximo  Giro de Italia, donde será el líder de su equipo.

Por  Santiago Soto Marin para Campeonesygregarios

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