La Crónica de Juan B: De Castellanía  y Boyacá.

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Nairo Quintana ciclista del Movistar Team.

Nadie podrá saber jamás cuántos Giros de Italia habría ganado Fausto Coppi si no hubiese tenido que perder 5 años de carrera deportiva, debido a la Segunda Guerra Mundial, luego de coronarse campeón de la carrera en 1940, a la edad de 20 años, hazaña que aún hoy nadie ha podido igualar.

De nariz y joroba prominentes, el Alessandrino heredó de los dioses las enormes condiciones que lo llevaron a ser el segundo corredor que ganaba 5 Giros, y también el pionero en vencer en el Tour y Giro, en la misma temporada.

Discurrían vientos de guerra en Europa, cuando Coppi se alistó en su primer Giro de Italia, en el equipo Legnano, el mismo de Gino Bartali, quien ya había vencido en la prueba italiana en 1936 y 1937, pero que precisaba de un buen gregario para enfrentar a Giovanni Valleti, vencedor de las ediciones de 1938 y 1939.

El monje volador, como era llamado Bartali, salió con el rótulo de líder del equipo, pero en las primeras etapas había cedido ya algunos minutos, mientras que el novato Coppi se había mantenido en las primeras posiciones, situación que a la postre le permitió ser el líder del equipo y ganar su primer Giro de Italia.

De 1941 a 1945, la Corsa Rosa, llamada hoy así, porque la camiseta de líder de la prueba es rosada, la prueba no se disputó. El fin de la conflagración mundial permitió que el Giro se reanudará en 1946, año en que Bartali venció con autoridad. Un año después, «El Divino Jorobado», Gino, cobró revancha para ganar por segunda vez. Luego ganó en 1949, 1952 (también volvió a ganar el Tour) y 1953, este último año, también ganó el campeonato del mundo de ruta.

Merced a su victorias en Giro, Tour de Francia, campeonatos del mundo, Coppi  y múltiples clásicas de gran importancia, fue declarado el ¨Campionissimo¨, sucediendo en este honor a su archirival y amigo Bartali, a Alfredo Binda y Constante Girardengo. Coppi también tuvo una relación con Colombia, pues en 1958 corrió en el Clásico El Colombiano, al lado de Hugo Koblet y Luigi Casola, enfrentando a los mejores escarabajos de ese tiempo, liderados por Ramón Hoyos. Un año después de estar en este país suramericano, viajó al Alto Volta, en África, de donde llegó afectado de Malaria, enfermedad que lo llevó a la muerte en los primeros días de enero de 1960.

La leyenda

Coppi es una verdadera leyenda del ciclismo italiano y así lo pudimos constatar hoy, cuando la prueba partió desde Castellanía, donde la casa museo Coppi, nos recordó sus victorias, sus épicas demostraciones en Giro y Tour y su enconada rivalidad con Bartali.

En ese albergue del recuerdo, sobresalen bicicletas laceradas por el tiempo y el camino, maillots que enjugaron el sudor de sus victorias, extensas crónicas y reportajes de periódicos, deteniendo el tiempo de las epopeyas deportivas de esos paladines del pedal. El olor de la familia, parece haber quedado capturado entre las frías paredes, las mismas en que se atesoran fotografías y pinturas que rinden tributo a este sempiterno gladiador de altísimas cimas, descensos mortales, climas infernales y caminos de piedra y lodo que parecían carreteras.

Ocultos en esos artilugios están la gloria robada a un ciclismo de picapiedras, el inmenso amor de los tifosi hacia sus ídolos, el recuerdo incansable y agradecido de una sociedad hambrienta de alegría y paz, tras los sufrimientos de la guerra, y la satisfacción infinita de un héroe de carne y hueso, tocado por la inmortalidad de los dioses.

Castellanía y el cóndor de Boyacá

A 50 metros de la casa de Coppi, una estela de aficionados luciendo la camiseta de Bianchi, equipo en el que corrió durante 9 años, nos invitaban a regocijarnos con sus hazañas, sus amores prohibidos, sus tristezas, a la vez que le tributaban póstuma admiración a ese coloso del pedal, que murió a sus 40 años.

Serio, concentrado y asediado por los medios y aficionados, tal como pedalea en la escalada, sin apagar una vela, llegó Nairo Quintana al sitio de salida. Allí, enormes fotografías de Coppi, ubicadas al costado de la salida, lo observaban impávidas, como queriendo escudriñar de qué material está hecho el colombiano, que quiere seguir los pasos del ídolo italiano, pionero de las glorias en el mismo año en las dos carreras más grandes del mundo. Este año, Nairo pretende ganar el Giro y después el Tour para igualar esa hazaña, alcanzando de paso al último vencedor de este doblete, el también ídolo italiano, Marco Pantani, en 1998. En Italia llaman  a Nairo el cóndor colombiano, pero para no poner celoso a Alvaro Pachón, le diremos el cóndor de Boyacá.

Castellanía, pequeña, recatada, hermosa y vestida de Giro, despidió con su dilatada  historia ciclística, sus quesos, sus manjares y sus generosos habitantes, a la caravana de la carrera. En medio de la abigarrada colección de camisetas, la del número 111, la de Nairo, comenzó su rodaje para la fracción 14, precisamente en homenaje al último campeón de campeones italiano. Es un homenaje a un paladín de la bicicleta, en el centenario de la carrera, la cual también lo exalta cada año con el premio de montaña más elevado de la carrera, bautizado con el nombre de Cima Coppi, desde 1965. Al paso por Tortona, donde descansa eternamente Coppi, el grupo se echo la bendición y se dispuso para una jornada que en el papel podría dejar algunos afectados.

Domoulin ganó en Oropa

No valieron los ataques en los últimos kilómetros antes de llegar al santuario de Oropa de los brevilíneos Domenico Pozzovivo (Ag2r La Mondiale) y Nairo Quintana (Movistar Team), para distanciar al líder del Giro, Tom Domoulin (Team Sunweb). El teuton llegó con tranquilidad a la rueda de sus rivales. Sin despeinarse, apoyado en su gran condiciòn física, puso primero su rueda en la línea de llegada de la etapa, fracción de 131 kilómetros, que se disputó desde la tierra natal de Fausto Coppi, Castellanía, y esta cumbre montañosa, recordada por victorias de corredores como Marco Pantani, en 1999. De las cinco ocasiones que se ha llegado a este santuario, el ganador de etapa no ha sido campeón del Giro de Italia. Tal vez ese aguero, se vuelva a cumplir este año.

El líder de la carrera le tomó 3 segundos al ruso Ilnur Zakarín (Katusha) y 9 al español Mikel Landa, quien a duras penas está salvando el prestigio del Sky, tras el retiro de Geraint Thomas.

El colombiano Nairo Quintana entró en la cuarta casilla a 14 segundos del holandés. Después ingresaron Thibaut Phinault (Francaise de Jeux) a 35 segundos, Adam Yates (Orica Scott) a 41, Vincenzo Nibali y Franco Pelizzotti (Bahréin Mérida) a 43, Steven Kruijswick (Loto Jumbo) y Tanel Kangert (Astana) a 46 segundos. Bauke Molema (Trek Segafredo), quien estaba tercero hasta antes de empezar la etapa, cedió 1 minuto y 22 segundos. Andrey Amador (Movistar), perdió 2 minutos 21 segundos y su sexta casilla, mientras que Bob Jungels (Quick Step Floors), llegó cediendo 1 minuto y 44 segundos y su séptimo puesto en la general.

Aunque Quintana perdió tiempo con Domoulin, el hecho de tomarle 21 segundos a Phinault y 29 a Nibali, le permite al colombiano respirar más tranquilo en la general individual, pues los aleja de su posición. El de Combita sigue segundo en la general, a 2 minutos y 47 segundos del líder. Phinault subió a la tercera posición, a 3:25; Nibali quedó cuarto a 3:40 y Zakarín a 4:24.

Por su lado, Fernando Gaviria (Quick Step Floors) sigue de líder de puntos, con 315 unidades, por 192 de Jesper Stuyven (Trek Segafredo). El cejeño también domina la clasificación de la combatividad; en la montaña, el líder Domoulin subió al primer lugar, desbancando al español Omar Fraile. Pavel Brutt (Gazprom Rusvelo) es ahora líder de los sprints con 44 puntos, por 39 de Daniel Teklehaimanot (Dimensión Data); Bob Jungels (Quick Step Floors) lidera la clasificación de los jóvenes; Movistar la general por equipos y Quick Step Floors la clasificación de los super equipos.

La etapa 15 del Giro de Italia, se disputará mañana domingo, sobre 199 kilómetros, entre Valdengo y Bergamo, con dos cotas montañosas. Una de tercera y otra de segunda, pero a mucha distancia de la llegada. Si no hay intensa lucha, hasta los rematadores podrían llegar a disputar la etapa.

Por Juan B. Estrada en Oropa.

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