Lance Armstrong y 7 Tours de Francia borrados de tajo

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Armstrong

“¿Alguna vez tomó sustancias prohibidas para aumentar su rendimiento en el ciclismo?”, preguntó Oprah Winfrey a Lance Armstrong en enero de 2013. Sitiado, acorralado, el que meses antes era uno de los más grandes ‘sportsman’ de todos los tiempos, endureció el rostro, no dejó pasar más de un segundo, armó la quijada y soltó una confesión como un terremoto: “Sí”. El ciclismo entró en estado de coma. La leyenda se desvaneció.

La Unión Ciclista Internacional y el Comité Olímpico Internacional se encargaron de borrar de la historia, casi a modo orwelliano, los registros de Lance Armstrong desde 1997. El ciclismo apretó el botón de reiniciar sistema; como si toda su historia de una década jamás hubiera ocurrido. El bronce olímpico en Sídney 2000 en la prueba de ruta y sus siete Tour de France fueron borrados de tajo, tras la recomendación de la Agencia Anti-Dopaje de Estados Unidos. Sin nada más que perder, ni la dignidad, ni su nombre, ni siquiera las memorias, Armstrong se entregó al confesionario y al escarnio. El mito, el ejemplo que había superado el cáncer testicular, el personaje objeto de admiración por doquier. La película perfecta: drama, éxito, gloria, tragedia. La caída del farsante más grande.

¿Cómo era el doping de Lance Armstrong?

Travis Tygart, director de la Agencia Anti-Dopaje de Estados Unidos (USADA, por sus siglas en inglés) describió en octubre de 2012 la trama de la que se benefició Lance Armstrong como “el sistema de dopaje más complejo jamás visto”. Para su acusación, la USADA presentó como pruebas las confesiones de 25 personas directamente ligadas a la urdimbre, registros de pagos, intercambios de emails y análisis de laboratorios. La semilla de duda la sembró el diario francés L’Equipe en 2006, después del doping positivo del ganador del Tour aquel año, el también estadounidense Floyd Landis; un reportaje del rotativo francés estableció que los servicios médicos del Tour francés habían detectado muestras de EPO en una prueba de orina.

El modelo, que involucraba la participación de los médicos personales de Armstrong, los servicios médicos de US Postal, amigos y otros ciclistas, consistía en inyecciones de agresivos cocteles testosterona, EPO, hormona de crecimiento y corticoides. El EPO, una hormona que estimula la producción de glóbulos rojos, era casi imposible de ser detectado en los análisis de laboratorio hasta inicios de Siglo XXI. El sistema también incluyó la novedad de las ‘autotransfusiones’ de sangre: Armstrong realizaba largas concentraciones y entrenamientos en lugares con altitud mayor a 1,500 metros sobre el nivel de mar; su cuerpo, para compensar la menor cantidad de oxígeno, producía EPO de forma natural. Después de unos días, se le realizaban extracciones de sangre que eran refrigeradas para reutilizarse en competición. Las marcas de las triquiñuelas se enmascaraban con métodos tan rústicos o superficiales, como la aplicación de maquillaje en los pinchazos para evitar las sospechas o inyecciones de suero salino y expansores de plasma directamente en la vena para diluir la sangre; con esto, también se evitaba el escrutinio de los controladores anti-dopin.

¿Qué pasó con Armstrong?

Armstrong (Ícaro) dejó al ciclismo con respirador artificial. Pero las consecuencias de sus actos no quedaron ahí. Pronto, Armstrong empezó a pagar las facturas del dopaje: en 2012, en pleno escándalo, Nike le retiró un patrocinio que le significó la pérdida de, al menos, 50 millones de dólares. La precariedad económica le orilló a vender, el pasado mes de marzo, su mansión ubicada en Old Enfield, Texas, valorada en 6 millones de dólares. Aunado a ello, el exciclista fue demandado por la empresa gubernamental de correos US Postal (principal patrocinador del equipo para el que corrió Armstrong entre 1998 y 2004, colores con los que conquistó seis de sus siete Tours). El cargo: daños y perjuicios, causados por su confesión a Oprah. El 20 de abril de 2018, Armstrong llegó a un acuerdo preliminar para pagar 5 millones de dólares de los 100 que planeaba la organización.

Además de sus líos legales, Armstrong ha intentado encausar su vida aún ligado al ciclismo. En diciembre de 2017, fue invitado a participar en el Tour del Flandes, competencia de carácter profesional. El estadounidense, suspendido de por vida para ejercer cualquier actividad deportiva después de su caso de dopaje, canceló su participación al aducir “razones familiares”. Armstrong rebajó el morbo; el paria del ciclismo internacional no volvió a los del mundo, aunque sí se le ha visto en competencias amateur menores, lejos de reflectores y publicidad. Su posible participación en el Tour flamenco motivó el descontento del presidente de UCI, David Lappartient, quien remitió una carta de desaprobación al director de la prueba, Wouter Vandenhaute.

Armstrong también ha incursionado en el mundo mediático, aunque underground, sin platós ni presupuesto; solo micrófonos y la comodidad de su hogar. La parte integral de su (imposible) rehabilitación de imagen comprende la utilización de su perfil de Facebook para publicitar su podcast llamado ‘The Forward’: consiste en episodios semanales de entrevistas con variedad de personajes en un ambiente distendido, informal. Los capítulos bordean el surrealismo, como el publicado en febrero estelarizado con la actriz de cine para adultos Mía Khalifa. No obstante, dos millones de personas aún siguen el perfil del defenestrado ciclista en Facebook.

Fuente: us.as.com